OSCAR NATALIO "RINGO" BONAVENA

 

Por el Dr. Luis Carlos Ruiz

Nació el 25 de setiembre de 1942, en una casa humilde de Parque Patricios ubicada en Treinta y Tres Orientales 2189.
A los 16 años comenzó en Huracán la práctica del boxeo de la mano de los hermanos Juan y Bautista Rago, profesores del Club. Su personalidad excéntrica desde un inicio atraía al público, en su mayoría Quemeros, que comienzan a seguirlo en sus peleas de aficionado, acompañándolo en Huracán, en Unidos de Pompeya y la Federación Argentina de Box. Un boxeador poco ortodoxo, sin demasiada técnica, para colmo con los pies planos, pero con eso que hay que tener, demolía a sus rivales.
No tenía más de 20 años y ya era campeón argentino amateur de los pesos pesados y pronto, sumó dos coronas latinoamericanas y una sudamericana. Esta campaña lo llevó a representar al país en los Juegos Panamericanos de San Pablo. La fortuna no le acompañó y el haber mordido en el pecho a su contrincante, un negro gigantón que lo estaba acomodando de lo lindo, le valió no solo la descalificación sino además una severa sanción por parte de la Federación Argentina de Box.
Sin embargo este hecho, que en definitiva se le tradujo en serios inconvenientes para obtener su licencia de boxeador, le hizo decidir que su carrera continuara en los Estados Unidos.
Es la Meca del boxeo y no sin esfuerzo y mucho amor propio, la que propicia brillo a su carrera pugilística. Su guapeza, su bravura y coraje deportivo son las armas que le posibilitan éxito tras éxito y la cada vez más, aceptación de los yanquies. En una categoría dominada casi con exclusividad por los boxeadores negros asomaba una promesa blanca.
Muchas son las peleas para recordar de este verdadero gladiador, pero solo me detendré en dos que considero memorables.
Aquella en que le gana a "Goyo" Peralta, ídolo de la afición argentina, donde lo vapulea a tal punto, que aquellos que habían llenado el Luna Park, como nunca en toda su historia y que en su mayoría lo habían abucheado, lo despide entre aplausos. Esa noche se consagra campeón argentino de los pesos pesados y su barrio, su gente, Parque Patricios, Pompeya entera lo festeja. Fiesta que no para, que sigue al otro día en el Tomás A. Ducó, justo contra San Lorenzo, para nuestro regocijo.
En la tarde todos los Quemeros nos sentimos Ringo, éramos campeones, dueños de ese cinturón que orgullosamente exhibía y en su homenaje y reconocimiento hicimos tronar por primera vez y para siempre: "Somos del barrio de barrio de la Quema, somos del barrio de Ringo Bonavena". El más guapo de la tribuna de Huracán, como le gustaba decir, lo había logrado: era campeón argentino de todos los pesos.
La otra, la que sostuvo con Cassius Clay, donde puso de manifiesto que era un guapo de verdad, que iba siempre al frente, a matar o morir. Esa noche pocos durmieron en la Argentina, la televisación de la pelea por Canal 13 tuvo 79,3 de raiting, tal convocatoria de televidentes sólo fue superada, veinte años después, por el partido Italia-Argentina del Mundial de 1990. Perdió es cierto, pero enfrentó al boxeador más grande que haya existido en el boxeo, lo tuvo al borde del nocaut y lo aguantó los 15 asaltos. ¿Qué más se le podía pedir?
Lamentablemente y en su ocaso deportivo regresó a los Estados Unidos, con equívocas relaciones y en circunstancias que jamás fueron debidamente aclaradas, encuentra su muerte. Un integrante de la seguridad de un burdel de Reno, capital del estado de Nevada, lo asesina de un balazo en el pecho.

El 11 de octubre del 2003 en el Parque de los Patricios al lado de nuestro máximo goleador Herminio Massantonio, se levantó su merecido monumento de granito de más de 2 metros de alto. En la inaguración estuvieron sus amigos, como su familia y por supuesto toda la gente de Huracán que no quiso quedarse afuera del monumento a nuestro hincha más reconocido.

Su monumento

Gracias Tití por ser uno de los nuestros, gracias por pasear nuestros colores por el mundo, usando como escenario un cuadrilátero de boxeo.